Cuando es mejor borrar algunas fotos, antes de que alguien te las robe.

La adolescente era hermosa y voluptousa, resultado de sus genes y del gimnasio donde pasaba dos horas diarias. No por nada era una de las chicas más envidiadas de la ciudad por sus pares. Tenía el mejor trasero, el novio más fachero, que además era mayorcito y la paseaba en el auto de moda y que con sus mañas la hacía ver que sus compañeros eran púberes inmaduros. La rubia tenía una vida fácil y feliz, y la disfrutaba.
Así de linda

Todo parecía una vida de princesa para la joven mujercita, hasta que ese FW apareció en su casilla de correo con un título bastante desagradable.

No lo podía creer, su bello rostro aparecía en primer plano junto al miembro de su novio, esa no era la única foto, las otras eran del mismo tono pero en otras tomas. Recordó que un par de sabados atrás había estado jugando junto a él y ella le pidió que le saque fotos “hot” para luego verlas en un futuro. Se quería morir, un fuego interno sucumbió su pecho, no dudó en llamar a su novio, quién no sabía de la situación y a quién defenestró y juró que nunca lo volvería a ver.

La joven creyó que su vida había terminado, y en parte tenía razón. La maldita sociedad en la que vivímos la señalaría, la crucificaría, como si todas las otras pendejas de la ciudad nunca hubiesen hecho un pete. Se hechó en su cama y lloró, lloró por días. No quizo volver al colegio, aunque tuvo que hacerlo por presión de sus padres. Su vida se convirtió en un infierno, las chicas que antes la envidiaban ahora se reían a su espalda, los chicos ya no la miraban como antes y su novio no se animaba a hablarle pensando que ella creía que él había sido el autor original del correo.

Nunca nadie supo cómo se hicieron públicas las fotos, pero sí lo que pasó con la joven voluptuosa culpa en parte de la velocidad de viralidad de internet. Ella era una chica normal y no era una vedettonga en ascenso que necesitaba de un marketing viral haciendo una fellatio para hacerse famosa. Dicen que se fué de la ciudad a vivir a la capital, allá donde no la conocen ni la critican y que está reestableciendo su vida poco a poco en base a nuevas amistades y terapia. Por suerte tuvo un gran apoyo de su familia que no la juzgó y la apoyó en todo momento, no era para menos, ella era una excelente hija y persona, que solamente realizó una fellatio en el momento menos indicado y que fué juzgada y marcada por una sociedad pelotuda que siempre busca paja en el ojo ajeno y se ríe por ello.

También cuentan que por entonces un joven discutió con varios amigos acerca del tema, incluso se enojó con varios por haber forwardeado ese patético e-mail. Ese pibe los quería hacer reflexionar sobre la volatilidad de los datos digitales en internet y que ese correo que ellos reenviaban podría ser el de sus hermanas o incluso sus hijas en el futuro cuando les toque ser padres. Que se necesita fomentar la educación digital para conocer los riesgos que supone una simple foto lujuriosa en una noche de amor caída en manos equivocadas. Nunca nadie sabrá si esta historia es real o solo es fruto de la imaginación de este joven, pero la moraleja es muy real, y por sobre todo, muy clara.

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